
Algunas personas no se reconocen ni como hombre, ni como mujer. Tampoco entre los dos. Describen una ausencia de género, un espacio neutro donde las categorías habituales no encajan. Esto es lo que abarca la identidad agender, un término que apareció en los años 2010 y es cada vez más visible en las discusiones sobre la diversidad de género.
Lo que el término agender designa concretamente
¿Te has dado cuenta de que, desde el nacimiento, se asigna un sexo a cada niño en función de criterios anatómicos? La identidad de género, en cambio, se basa en la percepción interna. Una persona agender no siente pertenencia a ningún género, sea cual sea.
No es un rechazo voluntario de las normas masculino/femenino. Es la ausencia misma de ese sentimiento interior que otros describen cuando dicen “me siento hombre” o “me siento mujer”. La provincia de Columbia Británica, en su página oficial sobre la diversidad de género actualizada en agosto de 2026, cita explícitamente el término agender entre las identidades no binarias, especificando que la identidad de género puede ser “mujer, hombre, ambos, intermedio o ninguno”.
Para profundizar en este concepto, la definición de agender en Le Bon Sens detalla las matices entre esta identidad y otros términos cercanos.
Agender, no binario, género neutro: distinguir los términos
La confusión entre estas palabras es común. Agender significa ausencia total de género sentido, mientras que no binario es un término paraguas más amplio. Una persona no binaria puede sentirse entre masculino y femenino, fluctuar de un género a otro, o no identificarse con ningún género. Por lo tanto, el agender es una forma específica de no binariedad.

El género neutro (a veces llamado neutrois) describe una percepción de género que existe pero se sitúa en una zona neutra. La diferencia con la identidad agender es sutil: el género neutro es un género en sí mismo, no una ausencia. Una persona agender diría más bien “la cuestión de género no me concierne”, mientras que una persona neutrois diría “mi género es neutro”.
Estas distinciones son importantes porque reflejan experiencias diferentes. Agruparlas bajo una misma etiqueta equivale a borrar experiencias que las personas afectadas consideran distintas.
Orientación sexual e identidad agender: dos ejes separados
La identidad de género no dice nada sobre la atracción. Una persona agender puede ser heterosexual, homosexual, bisexual, asexual o cualquier otra orientación sexual. El género sentido y la orientación son dos dimensiones independientes.
Esta confusión sigue siendo frecuente en la sociedad. A veces se supone que rechazar las categorías de género también implica una relación particular con la sexualidad. En realidad, conocer la identidad de género de una persona no permite deducir a quién le atrae.
Para una persona agender, la cuestión de la expresión de género (ropa, peinado, forma de presentarse) también es distinta. Algunas adoptan una apariencia considerada andrógina, otras mantienen una expresión percibida como femenina o masculina. La apariencia exterior no refleja la identidad de género interior.
Reconocimiento jurídico y desafíos recientes para las personas agender
El reconocimiento oficial de las identidades fuera del binario hombre/mujer avanza en algunos países, pero retrocede en otros. Varias administraciones ahora integran opciones de género no binario en documentos oficiales. Columbia Británica menciona explícitamente el agender en sus recursos públicos.
En Estados Unidos, la situación se ha complicado. Tras una orden ejecutiva de enero de 2025, el Departamento de Estado suspendió la posibilidad de actualizar las designaciones de sexo en ciertos pasaportes. La Corte Suprema autorizó en noviembre de 2025 la aplicación de esta política mientras continúa el litigio (caso Orr v. Trump).
En el ámbito de la salud, una norma finalizada en agosto de 2026 prohíbe el uso de fondos federales de Medicaid para los cuidados relacionados con la identidad de género en menores, con una entrada en vigor prevista para octubre de 2026. Estas restricciones afectan directamente los derechos de los jóvenes trans y no binarios, incluidas aquellas que se identifican como agender.
El desafío va más allá del ámbito médico. La gobernanza de las identidades digitales también plantea preguntas: ¿cómo gestiona un sistema informático una identidad que no encaja en ninguna casilla binaria? Los formularios administrativos, las bases de datos, los algoritmos de verificación de identidad todavía se construyen en gran medida sobre un modelo hombre/mujer.
Salud mental e impactos de la falta de reconocimiento
No ver su identidad reconocida por el entorno o las instituciones tiene consecuencias medibles en la salud mental. Las personas cuya identidad de género es regularmente negada o ignorada enfrentan situaciones que aumentan el riesgo de ansiedad y aislamiento.
Varios factores agravan esta situación para las personas agender:
- El mal género repetido, es decir, ser designado por pronombres o términos de género que no corresponden a la percepción de la persona
- La ausencia de una casilla adecuada en los documentos oficiales, que obliga a elegir entre hombre y mujer
- La falta de visibilidad en las representaciones culturales, que da la impresión de que esta identidad no existe o no es legítima
Reconocer la identidad agender comienza por aceptar que existe. Para el entorno, esto implica gestos concretos: usar los pronombres solicitados, no cuestionar la experiencia de la persona, evitar reducir la identidad de género a la apariencia física.

Los debates sobre los derechos de las personas no binarias y agender no son abstractos. Se refieren al acceso a la atención médica, a la posibilidad de obtener documentos de identidad que se ajusten a su experiencia, al derecho a no ser discriminado en la sociedad. Los retrocesos legislativos observados en los últimos años muestran que estos logros siguen siendo frágiles, y que la vigilancia sobre los derechos de las personas afectadas sigue siendo relevante.